La Paz celebra de manera singular un acontecimiento único

Capuchinos presenta este miércoles una imagen singular, concebida por el equipo de priostía de la hermandad de la Paz y Esperanza. Un doble altar se dispone a cada lado de las escaleras que conducen al altar mayor de la Iglesia Conventual del Santo Ángel, tal y como muestra la imagen que la corporación franciscana ha difundido a través de sus medios oficiales de información.

Dos altares presididos por Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de la Paz y Esperanza diseñados con motivo de la doble celebración que la hermandad de la Paz ha querido hacer coincidir este 24 de enero, día de la Paz. Una fecha tradicionalmente marcada en rojo en el calendario de los hermanos de la cofradía porque es el día en el que se celebra la festividad de su dolorosa y que este año, inmersa como se halla la hermandad, en la celebración del LXXV aniversario de la bendición de su titular cristífero, ha sido elegido para conmemorar los tres cuartos de siglo de aquel acontecimiento.

Precisamente esta ha sido la fecha elegida por la familia del inolvidable autor de ambas imágenes para ofrecer a la hermandad un pequeño gran tesoro que se hallaba en propiedad de los descendientes del imaginero, como antes lo estuvo en manos de su autor, un azulejo con la efigie del Señor de la Humildad y Paciencia que desde ahora forma parte del patrimonio sentimental y material de la corporación capuchina.

La hermosa coincidencia de ambos titulares, presidiendo el templo capuchino, trae a la memoria lo ocurrido aquel 24 de enero de 1943, cuando Capuchinos se convirtió en el centro del universo para celebrar al mismo tiempo la festividad de la Virgen de la Paz y la bendición del Humilde Rey de los Cielos. La Virgen presidía en aquella ocasión el altar, un altar mayor adornado de manera excepcional con banderines y candelabros y un interesante exorno floral. Debajo se situaba la imagen del Señor vestido con túnica blanca de raso y cordón de oro dejando al descubierto su hombro izquierdo y la cabeza ceñida con una corona de espinas y tres potencias de metal dorado.

Fray Jesús de Pedro Abad consiliario de la cofradía fue el responsable de la bendición de la imagen actuando como padrinos Bartolomé Torrico Martos y su esposa Antonia Torrico. Tras la sencilla ceremonia tuvo lugar una Sagrada Eucaristía presidida por el guardián del convento de Antequera Fray Claudio de Trigueros, actuando una capilla músico vocal que interpretó la misa del Maestro Perossi. Cuentan las crónicas que tal fue la multitud de fieles congregados que muchos tuvieron que asistir al acto desde el exterior del templo.

Desde entonces, la devoción que Córdoba siente por Jesús de la Humildad y Paciencia se ha multiplicado e incrementado de manera exponencial hasta nuestros días. Una devoción en cuyo crecimiento han influido muchos factores, entre los que se encuentran la decisión adoptada hace ya décadas de dotar al Señor de sus propios cultos diferenciados e indiscutiblemente, el particular buen hacer de su cuadrilla costalera. Factores cuya confluencia ha propiciado que la presencia del Rey de Capuchinos cada Miércoles Santo bajo el cielo de Nisan, sea uno de los acontecimientos que más buscan los cordobeses y que a su paso se arremolinen miles de miradas sedientas del maná que reparte su infinita Humildad.