No sería, ni mucho menos, la primera vez que Gente de Paz se remonta a los orígenes y primeros años de la hermandad encargada de dar el pistoletazo de salida a la Semana Santa de Córdoba. Con ello y como muchos recordarán, se hacía imprescindible regresar a la que fuese la primera sede de la popular Hermandad de la Entrada Triunfal que, lejos de la Parroquia de San Lorenzo, se encontraba en la Iglesia de San Juan y Todos los Santos, la cual hiciese de cuna para la primitiva hermandad que con gran esfuerzo y dedicación fundase en 1944 Rafael Sánchez Núñez.
Fue tan solo un año más tarde, día 25 de marzo, cuando la recién erigida hermandad hacía su primera estación de penitencia, no en la mañana del Domingo de Ramos como cabría pensar actualmente, sino durante la tarde y más concretamente hacia las 17 horas. En aquella histórica jornada, todas las miradas se posaban sobre el entonces titular de la corporación, de tamaño más reducido que el actual y también realizado por el imaginero cordobés Juan Martínez Cerrillo.
Posiblemente, fuese durante aquella primera experiencia de la cofradía infantil en la calle cuando se realizase la maravillosa instantánea que encabeza este artículo, que podríamos ubicar en la Calle Cruz Conde, mostrándonos un característico paso de reducidas dimensiones – presumiblemente dorado – con curiosos jarrones en las esquinas y las indispensables y simbólicas palmas ubicadas junto a la imagen del Señor, todos ellos detalles a los que hay que sumar otro más llamativo aún: el de las cintas que descienden por todo el contorno de las andas para, según parece, congregar a su alrededor a los niños de Primera Comunión – también visibles en la fotografía – que solían integrar el cortejo de la entonces joven corporación.
A pesar de la expectación suscitada por la Hermandad de la Entrada Triunfal como cabe deducir por la imagen anterior y la calle abarrotada por un pueblo cordobés que acudía al encuentro del titular de la alegre cofradía, lo que apenas había comenzado a ser una tradición se vio irremediablemente interrumpida el 18 de marzo de 1957, año en que la Junta General de la Agrupación de Cofradías inició los trámites para la suspensión de la salida de la hermandad “debido al desorden y falta de dignidad necesaria que solía reinar en sus filas”. Motivo de peso que sumado a la insuficiente actividad interna de la cofradía significó el inició de una disolución que se extendió hasta 1963.
No obstante, el 9 de febrero de ese mismo año, la hermandad resurge con la reorganización con la que quedaron aprobadas las nuevas reglas gracias a la intervención del por aquel entonces obispo de la ciudad, Monseñor Manuel Fernández-Conde, quien en 1961 se había puesto en contacto con Fernando Fernández de Córdova y Martel, presidente de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, para llevar a cabo la refundación de la Hermandad de la Entrada Triunfal, estableciéndose esta vez en el Santuario de María Auxiliadora con el inestimable apoyo de un grupo de antiguos alumnos del colegio de los Salesianos y de la Hermandad del Prendimiento.
Este nuevo comienzo trajo consigo también aires de renovación, pues en ese año de 1963, la corporación tomaba la decisión de encargar al ilustre Juan Martínez Cerrillo una nueva talla del Señor, debido a que las pequeñas proporciones del primitivo titular no se ajustaban a los deseos de la cofradía.
Ya con Él, la hermandad inauguraba nuestra Semana Mayor partiendo desde la casa Salesiana dando lugar a otras históricas estampas ahora en un escenario distinto y sobre un paso también de nueva hechura que, en las fotografías que acompañan estas líneas aparecen aún en sus primeras fases. Asimismo, cabe igualmente detenerse a analizar la corona que lucía en aquellos lejanos días la hermosa imagen de Nuestro Padre Jesús de los Reyes, muy distinta de las actuales y típicas potencias y las ropas que Juan Martínez Cerrillo quiso tallarle, dejando descartada la necesidad de vestir al Señor.
Así se mantuvo al dulce titular de la Entrada Triunfal hasta que, en 1992, la cofradía tomó la determinación de encargar al imaginero cordobés, Miguel Ángel González Jurado, la labor de remodelar la talla del Señor con el propósito de darle una mayor versatilidad de cara a las celebraciones de los cultos. Así las cosas, el renombrado artista retocó pies y manos convirtiendo a Nuestro Padre Jesús de los Reyes en una imagen articulada que pudiese mostrarse tanto a lomos de su fundamental “borriquita” como entronizado. De este modo, quedaban finalmente para el pasado escenas como la que compartimos con nuestros lectores durante un antiguo quinario del Señor, superpuesto al tradicional dosel, montado sobre la entrañable borrica y rodeado de querubines, palmas y ramas de olivo en una fotografía realizada antes de la mencionada y sustancial modificación que marcó en lo sucesivo la estética del titular.





