Existen imágenes que hablan por si mismas y no precisan de mayor explicación que el sentimiento que despiertan cuando son presenciadas. Escenas que evidencian que la fe no tiene fronteras y que es capaz de unir diferentes sensibilidades y distintas formas de vivir la religiosidad popular, incluso aquellas que pudieran parecerles antagónicas a quienes la divisan desde la lejanía. Hoy, un cofrade ha difundido a través de las redes sociales tres fotografías de este calado. Tres imágenes que despiertan esa cercanía sentimental, tan compleja de explicar e imposible de entender por aquellos en cuyo corazón no late el sentimiento cofrade.
Tres fotografías que hablan de nosotros mismos y revelan el sentimiento más profundo de quien probablemente habrá vivido una experiencia única e irrepetible en su vida. Un camino de iniciación que seguramente le ha permitido encontrarse con su propio interior, experimentando sensaciones difícilmente repetibles imposibles de olvidar. Y en ese momento único y singular, en la Plaza del Obradoiro, en el mismísimo corazón del Camino de Santiago, su protagonista ha querido mostrar al mundo entero que este sendero de sueños ha sido recorrido paso a paso junto a sus devociones más íntimas, aquellas que probablemente ocupen un lugar de privilegio en su altar de cabecera y que han estado a su lado durante cada uno de los pasos en los que ha ido descontando el anhelo cumplido de encontrarse cara a cara con el Apóstol de Dios.
Tres maravillosas instantáneas protagonizadas por La Esperanza Macareno y su Bendito Hijo, por Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de la Paz y Esperanza y por Jesús de la Sentencia, el Rey de San Nicolás. Tres imágenes que, con la Catedral de Santiago de fondo, ejemplifican el símbolo perfecto de lo que significa la religión de la que todos los cristianos bebemos. Un todo unitario que se compone de una multiplicidad heterogénea en virtud de la cual cada creyente, cada cofrade, vive su propia relación personal e intransferible con el Creador. Hoy, gracias a estas tres fotografías, el aroma del incienso más cofrade y el azahar han impregnado cada rincón de la Plaza del Obradoiro uniendo a Galicia y Andalucía bajo un mismo sentimiento, el de la Fe.





