Carta abierta «de un sayón de cuna…»

No resulta habitual escuchar expresarse con palabras a los músicos de las bandas procesionales, héroes anónimos que en virtud de su sacrificio, materializado en incontables noches de ensayo, sientan las bases del preciso contrapunto que se erige en el elemento necesario para completar ese maravilloso conglomerado que llamamos Semana Santa. Por eso resulta extremadamente interesante y emotivo desgranar despaciosamente sus palabras cuando ello ocurre y se verbalizan los sentimientos que el resto del tiempo se transmite como un suspiro a través de un pentagrama.

Así lo ha hecho Lucía Rubio, componente de la banda de cornetas y tambores Sayones de Pozoblanco, una de las formaciones musicales que más ha sorprendido favorablemente en los últimos tiempos en la ciudad de San Rafael, merced a su buen hacer tras el paso de misterio del Santísimo Cristo de la Piedad de Palmeras. Ella ha querido expresar, a través de un texto cargado de sensibilidad, sinceridad y sentimiento, difundido a través de los medios oficiales de comunicación de la excelente formación musical pozoalbense, cómo piensa y cómo siente un componente de una banda de Semana Santa, cómo respira y cuáles son sus más íntimas motivaciones

Toda una declaración de intenciones, que a buen seguro expresa multitud de sentimientos compartidos con sus compañeros y que comienza subrayando el sentimiento intransferible e imperecedero de saberse «sayón de cuna, sayón de los que han mamado ésto desde chicos, sayón de raíz, (…) junto con aquellos que han crecido contigo, tanto dentro como fuera de la banda, que aparte de hacerte crecer como persona, también hacen que crezcas como músico«.

Lucía abre de par en par su corazón afirmando que nunca, jamás imaginó «que mi vida y mi rutina pudiera cambiar de tal forma entrando a una banda, tocar un instrumento, suena aburrido en realidad pero no es solo tocar, ni soplar… no creo que se pueda entender tan bien como alguien que pertenece a alguna. Considero que se transmiten valores como la responsalibilidad, el trabajo, el esfuerzo, el compromiso, la colaboración, el compañerismo, el respeto, la tolerancia y la democracia, algo que una banda debe cuidar para que perdure en el tiempo». Un latido que probablemente solo un músico pueda comprender. Lucía continúa expresando su convencimiento de que «es difícil expresar lo que se siente cuando miras a tu lado y ves a tus compañeros compartiendo tu misma pasión desde chiquititos, o a aquellas personas que te da la música y que se convierten en verdaderos amigos, amigos desde niños, adolescentes, adultos y hasta ancianos… un sentimiento que no entiende de edades».

En su hermosa y sincera reflexión, también hay hueco para rememorar el sudor derramado por el esfuerzo colectivo, y es que «detrás de las actuaciones, de los aplausos, de los agradecimientos y éxitos, detrás de todo esto hay un gran sacrificio, sufrimiento, días de cansancio y frío en los que no te apetece ir a los ensayos, cabreos, días malos… pero el ansia de que llegue la gran semana, hace resistir y persistir sin pensarlo». Por eso Lucía concluye su carta abierta al universo cofrade animando a todos aquellos que laten y respiran al compás de una marcha «a que viváis este precioso mundo de la música, lleno de emociones y sentimientos, a que compartáis con nosotros todo y más, a entrar en el mundo SAYÓN». ¡Ahí quedó!