Cuando un pasodoble tras un palio solo escandaliza si no es la Macarena

Nunca he sido muy dado al autobombo, pero he de reconocer que, merced a unos hechos recientes, me veo casi obligado a recordar unas palabras que escribí hace tiempo en Gente de Paz respecto al distinto tratamiento que se le da desde los medios se le da a las Cofradías «grandes» respecto a otro tipo de corporaciones de corte más modesto. Por ejemplo, tal y como aparece en el artículo, al hecho concreto de que el pasodoble «Suspiros de España» sonara tras el paso de palio de la Macarena o detrás de otras Vírgenes. Más que nada porque, tal y como se puede comprobar en dicho artículo, avisaba sobre lo que empezaba a suceder.

Los hechos concretos a los que me refería anteriormente sucedieron en Jerez de la Frontera el pasado viernes 8 de diciembre, cuando la bellísima Virgen de la Amargura se trasladó a la Catedral con motivo del IV Centenario del Voto Inmaculista, en defensa, así, del Dogma de la Inmaculada Concepción de María. En su transitar de vuelta por la Alameda Vieja, la Banda de Música Julián Cerdán de Sanlúcar de Barrameda interpretaba, evidentemente por indicación de la Cofradía, el pasodoble «Suspiros de España». Al percatarse, Manuel Lozano Jiménez, Canónigo Mayordomo de la Santa Iglesia Catedral, se acercó al paso e instó a que se arriara y cesara la música, al considerar, muy acertadamente dicho sea de paso, que esa música no estaba en consonancia al transitar de la Virgen María por las calles de Jerez. He aquí el momento en el que el palio de la Amargura se arría.

Lo que resulta verdaderamente llamativo de la historia es el distinto trato que se le da a una misma información en función de si se trata de una Cofradía de un lugar, u otra, de otra ubicación geográfica distinta. Cabe recordar que en el año 2014 la Esperanza Macarena caminó a los sones del mismo pasodoble en su transitar por la Plaza de España, ante la admiración de toda la prensa cofrade de la ciudad de la Giralda, tildándolo de un momento «único e irrepetible que respondió a un momento y a unas circunstancias concretas». En cambio, resulta especialmente llamativo -que no inesperado- comprobar cómo esas mismas plumas de la prensa morada hispalense se sueltan a la hora de criticar el mismo hecho pero de un sitio y Hermandad distinta. Así, lo que para la Macarena era «único e irrepetible», para el caso de la Amargura de Jerez se desliza que es un elemento que afea la procesión y, cito textualmente, se dice que «no hace falta tocar un pasodoble para que el público se venga arriba. Hay decenas de melodías reconocibles que son el complemento perfecto para que el paso ande y conecte». Como podrán observar por las comillas, no estoy tocando de oídas, sino recogiendo de forma literal las palabras de un mismo periodista sobre el mismo hecho protagonizado por dos Hermandades distintas. Poniendo negro sobre blanco, lo que en Sevilla es maestría, en el resto del mundo cofrade es paletada. Nada nuevo bajo el Sol.

Curiosamente, en el mismo artículo se dice que Sevilla es la nueva capital de la música procesional -sin venir mucho a cuento-. O sea, que fácilmente se puede colegir que Sevilla es la capital de la música cofrade por permitir cosas como que «Suspiros de España» suene tras un paso de palio en una procesión extraordinaria, o al menos eso puedo entender yo desde una perspectiva más amplia temporalmente hablando. Pero sin embargo, cuando este mismo hecho se reproduce en otros puntos de nuestra geografía, el tono en general del periodismo cofrade cambia de dirección notablemente. A la Sevilla cofrade aún le cuesta reconocer en su justa medida la inmensa cantidad de aspectos buenos que encierran otras Semanas Santas, y mientras que se escatiman los elogios, que se pueden contar con cuentagotas, existe un especial afán en señalar todo aquello que se considera negativo, aunque, sin embargo, lo hayan valorado de forma positiva si ese mismo hecho tiene lugar dentro de sus fronteras.

Lo que verdaderamente me preocupa es que ya ni se molestan en ocultar que sus plumas se encogen cuando se trata de criticar a una Hermandad de las mediáticas, como la Macarena. Se trata de disculpar cualquier actuación, por muy equivocada que sea, cuando la Cofradía que la realiza es de las «grandes», pero señalar con el dedo cuando se trata de una Hermandad de no tanta importancia en Sevilla, y en mayor medida si cabe si estamos ante una Cofradía «extranjera». La excusa de que «Suspiros de España» tenía sentido al tratarse de la Plaza de España y en ese momento tan particular para la Cofradía de la Madrugá hispalense es tan inconsistente como alguna que otra opinión jerezana que he podido leer, diciendo que el sacerdote había roto un momento mágico al interrumpir la interpretación del pasodoble tras la Virgen de la Amargura. Precisamente, a mi juicio, lo que rompía el mágico discurrir de la Amargura jerezana bajo su majestuoso paso de palio era la interpretación de este pasodoble.

Que una dolorosa -ya sea la Macarena de Sevilla, la Amargura de Jerez o la Virgen del pueblo más recóndito de nuestra tierra- realice protestación pública de fe en la calle es algo demasiado serio como para banalizarlo y desnaturalizarlo con la interpretación de un pasodoble que vino a simbolizar la nostalgia de los exiliados de España tras las desastrosas consecuencias de la Guerra Civil. ¿De verdad ustedes piensan que este origen de la pieza tiene algo que ver con un paso de palio que resguarda a la Virgen María en la calle, ya sea en la sevillana Plaza de España o en la Alameda Vieja de Jerez? Lo siento pero ese argumento no se sostiene. No pienso que bajo ninguna circunstancia pueda tener sentido que tras una dolorosa se interprete un pasodoble. Muchos dirán que hay multitud de marchas procesionales con melodías cuyo origen es discutible. Y es cierto, y seguro que en cada caso habría que entrar a realizar un cuidadoso análisis, pero al menos se trata de marchas, en su mayoría, compuestas para una imagen sagrada.

Otro asunto que sirve de excusa es aquello de que el carácter extraordinario de las salidas procesionales de las corporaciones para conmemorar diversas efemérides permite que otro tipo de música suene tras las imágenes sagradas. En primer lugar, permítanme poner en duda aquello de «carácter extraordinario», ya que esto de las salidas extraordinarias, bien poco tiene de «fuera del orden o regla natural o común» -definición de la RAE del mencionado término-, especialmente para algunas corporaciones, que parece que no pasan más de cinco años sin salir dos veces en un mismo año. Bajo el amparo de este cariz extraordinario de una salida procesional parece que se puede consentir cualquier cosa, olvidándose con facilidad de que no por conmemorar una efeméride la presencia de un Cristo o de una Virgen en la calle difiere en demasía a la de Semana Santa. En ambos casos se trata de una protestación pública de fe por parte de un determinado número de cristianos cofrades. De hecho, estas salidas procesionales extraordinarias han de pasar un filtro para que puedan celebrarse. Sin querer entrar en detalles, por no desviar el tema, no se puede sacar a una imagen sagrada a la calle porque sí, sino que debe haber detrás un contenido espiritual y cristiano que justifique la conmemoración de una determinada efeméride. Por lo tanto, las Hermandades deberían hacer examen de conciencia reflexionando sobre los límites de las acciones a realizar ante un evento extraordinario, incluyéndose el repertorio a interpretar. De lo contrario, corremos el riesgo de que cualquier día nos encontremos con Andy y Lucas cantando aquello de «Son de Amores» tras un paso de palio en una salida extraordinaria.

Manuel Lozano Jiménez estuvo de chapeau al detener el paso de palio de la Virgen de la Amargura y hacer cesar el pasodoble, por mucho que haya quien se escandalice y lo considere intervencionista. En determinadas circunstancias, créanme, hay que intervenir para que no se cometan tropelías como hacer sonar un pasodoble tras un palio. En algún momento hay que poner pies en pared y detener tanta sinrazón, y si lo hace un sacerdote, pues vaya desde aquí mi aplauso. Y eso que no es que uno sea precisamente sospechoso de aplaudir el intervencionismo de la Iglesia sobre las Cofradías, pero hay casos que claman al cielo. Quizá si el director espiritual de la Hermandad de la Macarena hubiera hecho lo mismo en aquel año 2014 se hubiera evitado que Hermandades de toda nuestra geografía se afanaran en copiar el depropósito que la Cofradía de San Gil perpetró al tránsito de la Virgen de la Esperanza por la Plaza de España, donde se coronara cincuenta años atrás. Sin embargo, esto resulta notablemente utópico, y es que a buen seguro hubiera tenido que salir por patas el sacerdote de la Macarena de turno si se le llegar a pasar por la mente detener su paso de palio por este o por cualquier otro motivo.

Si algo tengo presente cada vez que me siento frente al ordenador para escribir algo es que he de ser coherente con el lector. Si bien es cierto que las opiniones pueden cambiar a lo largo del tiempo merced a una diversidad de circunstancias, no es menos cierto que, por respeto al lector, no puede uno escribir cualquier cosa, variando de opinión en función de vaya usted a saber qué intereses o de los miedos que se puedan tener a esta o aquella Hermandad. Que «Suspiros de España», o cualquier otro pasodoble, suene tras una Virgen es una total aberración que los cofrades con un mínimo de medio dedo de luces deberíamos de impedir cueste lo que cueste. El hecho de que la Macarena cometiera un error en aquel momento y pocos se atrevieran a criticarlo ha sido la excusa perfecta para que cofrades de aquí y de allá piensen aquello de que si lo hace la Macarena y no pasa nada, ¿por qué nosotros no? Así, fijándose en el modelo de la grandiosa corporación de la Madrugá, se ahorra uno aquello de analizar las cosas de forma crítica. Y perdónenme, pero pienso que cada Hermandad merece unos dirigentes que no se limiten a copiar sin analizar críticamente lo que pueda hacer una Cofradía como la de la Esperanza Macarena. No quiero poner ningún ejemplo que pudiera resultar escandaloso, pero imagínense que a la Hermandad de la Macarena se le ocurre realizar cualquier locura en una salida procesional. Es decir, equivocarse groseramente. ¿Justificaría aquello que otras Hermandades repitieran ese error? En mi opinión no, bajo ninguna circunstancia. Ni las Hermandades más históricas o las más «grandes», están libres de equivocarse. Justificar la comisión de un error amparándose en que otra Cofradía grande hizo lo mismo es un acto que destila gran mediocridad.

Los pasodobles, querido lector, para conciertos verbeneros y corridas de toros. Cada estilo de música tiene su momento y su lugar, precisamente por eso existe tal multitud de géneros musicales. Es una opinión que he mantenido siempre, sin importar el cuándo, el dónde ni la Hermandad. Tras un paso de palio debe haber un mínimo de filtro que se ampare en el sentido común, ya sea por parte de las propias formaciones o partiendo de las Hermandades. Y en el centro de todo, como no podía ser menos, el respeto a una imagen sagrada. Si obviamos eso, estamos ante el comienzo del fin de la Semana Santa tal y como la conocemos.