Apenas hace unas horas, mirando por aburrimiento el móvil, quizás con un ataque ligero de nomofobia, si, esa enfermedad actual, esa que nos obliga a estar constantemente consultando en nuestro móvil si hemos recibido un mensaje, una comunicación, o ver los últimos retos en esa maraña que se llaman redes sociales.
Pues como decía, tonteando con el móvil, y viendo de una forma crítica lo que se va cociendo en ese metaverso, llegue a pasar por varios de esos que llaman “directos” me llamó fuertemente la atención dos de ellos. En uno de ellos un hombre, cubierto con una “kufiyya”, ese característico pañuelo que usan los árabes habitualmente, para protegerse del sol, del frio o de la arena en las tormentas habituales en sus países originarios, inexplicablemente era español, convertido, siempre según palabras suyas.
Durante horas permaneció hablando de su religión, de los beneplácitos de su dios, de las ventajas de ejercerla y del placer que le producía su permanencia en ella, aleccionaba y daba constantes consejos sobre lo que deberíamos hacer cada uno de nosotros, iba respondiendo a cada una de las muchas preguntas y mensajes que los asistentes le presentaban a través del habitual modo de mensajería de esta aplicación.
Pasé varios más, y encontré lo mismo, en esta ocasión en forma de dos señoras, que evidentemente cubiertas con el “niqad”, esa especie de velo que solo deja visibles los ojos, y cubiertos los cabellos, cara y cuello, procedían de la misma forma que el mencionado correligionario anterior, fui alternando entre el uno y las otras para comprobar la duración de sus ejemplarizantes directos, duraron horas.
Imaginé que si seguía buscando encontraría algo similar en modalidad cristiana, efectivamente, encontré varios curas, unos predicaban, otro rezaba el rosario, y otro explicaba teología y he de confesar que esta paridad al menos me alivió.
Ya que dispuesto a que exista una guerra entre religiones en las redes sociales, al menos que tengan representación todas las que participen, y puestos a evangelizar, pues que sean representaciones de todas las religiones las que lo realicen, lo que es igual para todos no es ventaja para nadie.
Y es que en las fechas que corren tengo la plena seguridad que la siguiente cruzada se ha de desarrollar en uno de estos universos livianos e inconsistentes, casi me atrevería a decir inexistentes, al menos coincidirán ustedes conmigo en que son intangibles, pero con una repercusión amplia e internacional, dado que en estos espacios no existen fronteras, salvo las que ponen los mismos que realizan estos directos, ellos pueden bloquear a toda persona que no les siga su ideales, o expulsarles solo con un clip de ratón, mucho más fácil que en una afronta de lanza y caballo, limpio sin heridas y sin sangre.
Lo único bueno de esta guerra santa es que no hay víctimas humanas, ni heridas, ni dolor, no como está sucediendo en la Franja de Gaza, donde menores, ancianos, mujeres y hombres está regando con su sangre Tierra Santa, y eso sí que es un enredo en nuestra realidad, en nuestra sociedad llena de redes y trampas.





