La Centuria Macarena y el cubo de agua

Lunes por la noche. Sevilla. Barrio de la Macarena. Banda de la Centuria Romana. Cuaresma de preparativos. Redobles de tambor y sinfonía de cornetas. Ilusión. Nervios. Añoranza.

La ciudad muda la piel para desempolvar la túnica de nazareno y la mantilla, y con ello se retoma una de las señales más clásicas e inconfundibles de la ansiada y soñada Semana Santa 2022: Los ensayos de las bandas de música.

Y esta semana era noticia precisamente el de la banda de la Centuria por un hecho, cuanto menos, poco agradable.

La formación se encontraba practicando su esplendoroso repertorio en la parte delantera del Parlamento de Andalucía y las calles cercanas, lugar en el que se reunen desde hace décadas con el permiso de las autoridades municipales.

La hora, el día y el fin eran legítimos, sin causar ninguna molestia a nadie. Sin embargo, algunos de los componentes de la Centuria regresaron a casa mojados por el cubo de agua que recibieron desde uno de los pisos.

No es la primera que esto suceda, a esta banda y a otras, y posiblemente tampoco sea el último caso; pero no por ello se puede obviar o pasar de puntillas. Ni mucho menos.

Lo que le ocurrió a la Centuria el otro día es una agresión pura y dura, una mofa a su esfuerzo y trabajo, y una falta de respeto al trabajo artístico de uno de los reclamos musicales más importantes que tiene esta ciudad.

Los sones de la Centuria son patrimonio de humanidad para los macarenos y para Sevilla, pero la intolerancia del ser humano llega hasta límites tan insospechados que a veces hasta asusta.

Y lo peor no es la frialdad de ese cubo de agua o la distracción en el trabajo de estos artistas de la música sacra procesional, no. Lo triste e incomprensible es que estos actos de odio y protesta siempre salgan gratis.

Por ello es necesario hacer un llamamiento a la tolerancia y tomar conciencia para que nuestras bandas sean respetadas en Semana Santa y en los meses anteriores a ella.