La Crónica gráfica del Viernes de Dolores

Es lo que tienen aquellas cosas que ostentan la condición de efímeras. Tantos meses descontando jornadas, arrancando hojas del calendario y en un suspiro, en apenas un suspiro, el viernes de Dolores se nos ha difuminado de entre los dedos casi sin darnos cuenta. Y no será que la jornada no ha gozado de una intensidad que no por esperada deja de sorprender cada año, una ciudad como Córdoba que vive sus cosas tradicionalmente de manera mucho más introspectiva que lo que sucede en otras ciudades de nuestro entorno y que sin embargo sufre una suerte de metamorfosis en jornadas como la de hoy, en las que buena parte de la ciudad inunda las calles para hacerse participe y protagonista y no mera espectadora.

Habrá quien crea, incluso alguien con cargo público y así lo ha manifestado en redes sociales, que en Córdoba hoy se ha evidenciado un mayor nivel de devoción popular de lo que habitualmente sucede cada viernes de Dolores «por el traslado de la Carrera Oficial al entorno de la Catedral». Nada más lejos de la realidad, esta es una jornada de las más importantes del año, de esas en las que la religiosidad late con una fuerza incontrolable y en las que la fe bulle como un torrente imposible de encauzar por cada rincón de nuestra idiosincrasia.

Toda Córdoba ha sido un hervidero, en particular el entorno a dos ejes que se convierten en núcleos fundamentales y esenciales de la devoción, la plaza de Capuchinos y San Lorenzo. En Capuchinos en torno a las 2 reinas que concitan ante sí probablemente las mayores dosis de devoción de esta ciudad, de devoción mariana se entiende, la Virgen de los Dolores y la Reina de Capuchinos, que han sido destino una vez más como siempre de las ingentes riadas de cordobeses que se dan cita a sus plantas para bañarse en sus pupilas y precipitarse en la red infinita de su amor incondicional. Mientras tanto en el otro eje devocional trascendental del Viernes de Dolores de Córdoba San Lorenzo se convertía en una auténtica riada de devoción siguiendo al Hijo de Dios por cada rincón, cada calle, cada plaza, para acompañarle camino de la Cruz, para hacerle sentir que no se encuentra solo, que en esta ciudad siempre están a su lado los que nunca le fallan.

Jesús Rescatado, El Divino Salvador, Jesús Nazareno y el Remedio de Ánimas recorrieron las callejuelas, encrucijadas de fe del barrio más cofrade de Córdoba, entre una marejada de devotos que recorrían cada centímetro de San Lorenzo buscando reflejarse en la mirada del Hijo del Hombre, como ocurría en San Agustín, en Palmeras, en Trinitarios, en la Huerta de la Reina, en el Figueroa, en Scala Coeli y al otro lado del río ante la Virgen de los Dolores del Campo de la Verdad. También en San Antonio de Padua donde Coronación de Espinas realizaba su tradicional ofrenda musical a sus benditos titulares.

Córdoba hoy, una vez más, demostró al universo entero que es una ciudad netamente cofrade, sin matices, sin ambages, sin condicionantes superfluos, sin concesiones a la galería porque le pese a quien le pese existe una conexión indisoluble indiscutible entre Córdoba y sus cofradías, una vinculación que se alimenta cada primavera y se perpetúa a lo largo de los tiempos, una relación que alcanzará su mayor intensidad en apenas unas horas cuando los primeros nazarenos comiencen a inundar cada rincón de la tierra de San Rafael y es que la Semana Santa ya ha comenzado, vivámosla en plenitud.