El misericordioso Cristo de las arrepentidas

Cuando uno accede a la recoleta plaza de Santa Isabel se encontrará ante un silencio que solo recorre el centro de Sevilla en contadas ocasiones. Cerca aparece el convento que da nombre al lugar, en cuyo epicentro se levanta una fuente que ya los vándalos se empeñaron en destrozar en julio de 2010. Un espacio de máxima belleza ― sublime si se visita por la noche ― que circundan varios edificios, entre los que destaca la portada del cenobio, proyectada y labrada por Alonso de Vandelvira. Aunque la entrada se realiza por la calle Hiniesta nº 2, merece la pena contemplar una de las fachadas más sobresalientes del mundo conventual hispalense.

La congregación de monjas filipenses fue fundada en 1859 por D. Francisco García Tejero junto con Rosario Muñoz, a quienes más tarde se agregaría la madre María de los Dolores Márquez y Onoro. Llegarían al convento en 1869 y, entre sus fines, acoger a las prostitutas. Hoy en día, sus esfuerzos están puestos sobre todo en la reinserción de las mujeres y niños en riesgo de exclusión. Precisamente, el hecho de que ante el crucificado de la Misericordia se acercasen a rezar ante Él las mujeres de mala vida, le valió el sobrenombre de “Cristo de las Arrepentidas”. El mismo año en el que llegaron las novicias llegó el crucificado ― lo trasladaron de noche, con las estrellas tiritando en sus pupilas ―, tallado por Juan de Mesa para el convento mercedario de San José en 1622, hoy regentado por miembros del Opus Dei.

Esta obra de Juan de Mesa se encuentra en un retablo situado en el muro de la derecha, en la nave de la epístola, conocido como del “Juicio Final” ― por albergar antes una pintura de Pacheco que representaba este momento, y que fue robada por el mariscal Soult en 1810 ― y nos presenta a un Cristo que en un principio aparecía muerto y al que después taparon el costado abierto por la lanza y eliminaron la sangre que de él brotaba, además de la corona de espinas ― fue sustituida por una de cuerda y actualmente lleva la que le tallara Miñarro ―. Mesa fue quien directamente reformó la talla, modificándole además los párpados. Dos años antes, el cordobés había tallado el Cristo de la Buena Muerte de Los Estudiantes, por lo que las similitudes son más que evidentes, un parecido que se acentuaba aún más cuando la imagen representaba a Jesús muerto. Dado que Mesa tenía que haber entregado esta obra en tres meses y tardó casi un año, los estudiosos consideran que quizá el retraso se debió a que el cliente solicitó modificar la imagen y que apareciera Cristo vivo. Y entonces la demora estaría justificada por la reconfiguración del mismo.

En las “Glorias religiosas de Sevilla”, Bermejo escribió que “el bellísimo Jesús, en el acto de pronunciar desde la Cruz sus Siete Últimas Palabras, construido según se cree, por Juan de Mesa, discípulo del insigne Montañés”. Hasta ese momento, la imagen se había atribuido a Montañés, algo que sucedió no pocas veces con las obras del cordobés, como fue en el caso del Gran Poder. Pero sería Celestino López Martínez quien descubriera un documento donde aparecía la autoría de la imagen, reflejada en un legajo depositado en el Archivo de Protocolos. Este resaltaría además el sudario de Cristo, considerando “no superado en gusto y perfección por ninguno de los anteriores ni de los que le siguieron”. Un paño de pureza que forma masas de pliegues finos, atado con dos moñas laterales que recubren parte de un cuerpo cuyo pecho aparece hundido y cuyos clavos arrugan la piel, retorciendo además los dedos y provocando un dolor que tiene su reflejo en la expresión de las cejas.

En su última restauración, llevada a cabo por Carrasquilla en el IAPH, fue cuando se oficializó un secreto a voces. Los expertos accedieron al interior de la talla para realizar operaciones relacionadas con la consolidación del soporte. Allí encontraron un papel doblado introducido en una bolsa de papel. Al abrirlo, la información escrita revelaba la incógnita: la escultura había sido realizada por Juan de Mesa por encargo de fray Domingo de los Santos (3 de enero de 1622), y se terminó el 7 de noviembre de 1622. El análisis realizado a la talla antes de su intervención arrojaba un diagnóstico que no dejaba lugar a dudas: su estado era deficiente. Numerosas grietas, importantes separaciones en los ensambles, repintes… Un proceso nada fácil donde se le devolvió al crucificado todo su esplendor. Aspectos como estos fueron recogidos en la revista oficial del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.

Tras la intervención, el desconocimiento sobre el Cristo de la Misericordia fue apagándose. La imagen, de un alto valor artístico, ha salido al exterior para participar en varias exposiciones. Los cofrades, cuyo importante número apenas habían escuchado habar de esta obra de Mesa, acuden a contemplarlo cuando la congregación organiza cultos en su honor durante Cuaresma donde destacan el Vía Crucis y el besapié, aunque también se expone en septiembre. Para tal efecto suele acompañarlo una dolorosa atribuida a Cristóbal Ramos. En 2015, con motivo del Año de la Misericordia, las monjas prepararon un amplio programa, que contó además con un poema sinfónico dedicado a la talla de Juan de Mesa, titulado “Misericordia Divina”, de David Hurtado.

El 21 de este mes se presenta en Santa Isabel el cartel anunciador de las fiestas en honor de la Exaltación de la Cruz y la Virgen de los Dolores. El viernes, día 22, será la ponencia “Cómo expresar lo sagrado en el siglo XXI” y el sábado, vigilia de oración y meditación ante el Santísimo Cristo de la Misericordia. Finalmente, el domingo tendrá lugar el devoto besapié, desde las 12:30 h. hasta las 18:30 h. Una ocasión para apreciar mejor la grandeza de esta obra.

Para las hermanas filipenses es el patrón de las mujeres y niños en riesgo de exclusión, para el mundo cofradiero, el Cristo que sin éxito requirieron la hermandad del Carmen Doloroso ― cuando solo contaba con la imagen de la Virgen ― y la hermandad de la Macarena, en 2014, en su afán por recuperar un titular, el Cristo de la Salvación, que se perdió cuando San Gil ardió en llamas en la contienda civil. Gracias a las últimas investigaciones, para todos es el Cristo de la Misericordia, una de las grandes obras de Juan de Mesa.