Lo políticamente correcto

Como indiqué y mencioné en un artículo llamado: “un comienzo”, continuó con la apología (defensa) de la fe católica, aunque soy consciente de que la cuaresma “más normal” de los últimos años ha llegado; no me voy a detener en esta ocasión en la cuaresma, lo haré más adelante. Este tiempo litúrgico consta de cinco domingos, y siendo el sexto, el deseado Domingo Ramos.

Para ello, están los variados artículos de mis compañeros de redacción; las grandiosas y elocuentes homilías de los grandes predicadores; así como, tantísimos actos que se van a celebrar a consecuencia de este periodo litúrgico: quinarios, triduos, y otras tantas obras piadosísimas, que en estos días inundarán nuestros templos.

Por mi parte, continuo con mi apología, aunque la cuaresma no es un tiempo cualquiera y ya ha despegado.

En la actualidad, no hace falta ser un genio, para comprender la existencia de ​ ideas, pensamientos e inclusive dogmas (más que los católicos diría yo) como en cada época histórica.

Actualmente, la corriente pensamiento se encuentra fundamentada en lo políticamente correcto. No como se pretende hacer creer, que no existe nada y que todo vale, cuando esto en realidad, es rotundamente incierto. A ello es denominado: relativismo.

Personalmente, junto con el prestigioso sociólogo Zygmunt Bauman, nos encontramos ante el llamado: pensamiento líquido. ¡Ya existe algo! Resumidamente, y en pocas palabras: la persona se adapta a la corriente imperante de pensamiento que se encuentra vigente y adaptándose a ello. Si pasado un tiempo existe otro pensamiento, los individuos se adhieren al mismo, y así continuamente. En el lado opuesto, nos encontramos con un pensamiento sólido de creencias, ideas, valores y moral estable.

Se ejecutan acciones, mensajes, interacciones y se expresan los individuos de la sociedad perfectamente estructurada (familia, asociaciones sociales, grupos de diversión, centros educativos…). Posteriormente son corregidas y juzgadas si son políticamente correctas o no lo son. Es decir, no prevalece una ética y moral. Tan solo y exclusivamente, lo políticamente correcto, en el momento determinado.

Puedo poner ejemplo. Se trata de los fumadores. No hace tanto tiempo estaba políticamente bien visto el hecho de fumar. En cambio, hoy día no es así, porque ya no es políticamente correcto, por ciertas circunstancias que no voy a entrar en ellas. A consecuencia el fumador se encuentra limitado para fumar. Lo que me interesa es lo siguiente: ¿Ha habido un cambio acerca del hecho de fumar? La respuesta es sí. El sujeto líquido piensa: antes era bueno, pero ahora es malo y es malo sin más. No profundiza del ¿Por qué es malo o bueno?

Con este, ejemplo nimio deseo hacer entender, que “lo que está mal” o “lo que está bien”, es dependiendo de lo políticamente correcto, en un momento concreto y bajo unas circunstancias. Mañana algo bueno puede pasar a ser malo, y viceversa, como ha ocurrido con el hecho del tabaco.

Lo políticamente correcto, contiene una gran esfera que afecta a todos los ámbitos de mi vida y de la suya: se nos dice cómo debemos vestir; como debemos de divertirnos; como deben ser nuestras familias, con nuevos modelos familiares; cuando toca hacer regalos; que consumimos; que comer; nuestra intimidad en la cama; mi sentir ante mi cuerpo; cuando ha de ponerse la luz; cuántos hijos hay que traer al mundo; como debo de comportarme; que debo decir y qué no decir; cómo educar a nuestros hijos; cómo enterrar a nuestros difuntos; que metas aspirar; cuando puede comenzar una vida y acabarse sin más; y así un sinfín de ejemplos más, que me darían para mucho escribir.

¿Cuáles son las consecuencias de todo ello?

Pues, diríamos: el progreso porque se ha alcanzado muchos derechos y libertades. Sin embargo, el que no sigue lo políticamente correcto es acribillado, calumniado y estigmatizado.

Para entender que no funciona lo políticamente correcto: ¿Cuántas adicciones existen? ¿Cuántas personas acuden a psicólogos, psiquiatras y toman medicación? Y un dato muy significativo: la primera causa de muerte entre los jóvenes es el suicidio.

Parafraseando a Friedrich Nietzche: “El hombre es algo que ha de ser superado”.

Y no, es así. El hombre debe de redescubrirse con el hombre llamado Jesucristo. Ser seguidor del Maestro, llamarse católico, con ideas sólidas y bien cimentadas, resulta ser políticamente incorrecto.